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ENFERMERAS USA EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL


     La mujer de los Estados Unidos jamás había presenciado la muerte ni experimentado los horrores de la guerra tan de cerca como durante la Segunda Guerra Mundial. En la campaña de las Islas Filipinas, las enfermeras militares asistieron a los heridos hasta que se disparó el último cartucho; en las selvas de las islas Salomón, ayudaron ellas mismas a retirar a los heridos, y en los hospitales de sangre, en Italia, se tuvieron largas horas en su puesto, mientras los cañones tronaban no muy lejos.

Las enfermeras siguieron a las tropas a dondequiera que éstas fueran, ya sea a Islandia, la India; Australia o África. Se estimó que se requerían seis enfermeras para cada mil soldados; en la armada, tres para cada mil marineros. Para guardar la proporción con el rápido desarrollo de las fuerzas armadas, el cuerpo de enfermeras militares creció a razón de mil por mes.

Este número, que representa el aumento mensual, constituía el total de enfermeras que se hallaban al servicio del ejército de los Estados Unidos al final de la Primera Guerra Mundial. Las dos primeras semanas del curso de instrucción de las enfermeras consistía en conferencias sobre gran diversidad de materias, que abarcaban desde urbanidad militar hasta el último tratamiento contra la malaria. 

     El curso duraba un mes, pero sólo podían seguirlo las candidatas que se habían graduado en escuelas de enfermeras. Las que lo terminaban salían preparadas para hacer frente a cualquier contingencia que se presente en el campo de batalla, ya se tratase de hacer una camilla con un par de pantalones, de improvisar una cama con las duelas de un barril o de utilizar la ceniza de madera como agente. esterilizador.

Durante las dos semanas finales del curso, realizaban sus prácticas en hospitales militares, en vez de asistir a conferencias, y si habían maniobras, acudían con las tropas adonde fuera necesario. Parte del curso consistía en salir de campaña, empezando la primera semana por hacer una marcha de 12 kilómetros, luego se aumentaba hasta que pudieran recorrer 32 ki16metros con mochila y máscara de gas a cuestas.

Una vez terminado el curso de instrucción, se encontraban listas para ser enviadas a cualquier punto del globo. El equipo que llevaban al subir al buque transporte era dispuesto para las regiones árticas o para climas cálidos, según fuera su destino.


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